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Orígenes del Santuario

Según una antiquísima tradición, la noche del 2 de enero del año 40, “la Virgen María vino en carne mortal a Zaragoza para confortar al Apóstol Santiago, que se encontraba predicando el Evangelio a orillas del Ebro”, dejándole como testigo una columna.

Sobre la Columna o Pilar que trajo la Virgen en su venida se construyó la primera capilla, convirtiéndose así en el primer templo Mariano de la cristiandad.

La tradición afirma que esta capilla se mantuvo durante la dominación musulmana y que tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I, ésta fue sustituida por un templo románico. De este templo se puede ver hoy un tímpano centrado por un gran crismón rodado con rosetas inscritas en círculos (colocado en el muro sur junto a la puerta baja de la basílica). En 1434 un incendio dañó casi por completo esta iglesia con lo que hubo que construir una nueva. La construcción del nuevo templo gótico-mudéjar sustituyó al desaparecido románico. La iglesia gótica gozaba de una cierta amplitud y estaba constituida por la iglesia propiamente dicha, una nave y un claustro pequeño donde estaba emplazada la Capilla del Pilar. Este templo estaba enriquecido con importantísimas piezas de carpintería mudéjar, como por ejemplo la monumental sillería de coro (que hoy en día se puede admirar en la basílica actual) y sobre todo con el monumental retablo de alabastro realizado por Damiant Forment.

Como la devoción a la Sagrada Imagen iba en aumento, se planteó la necesidad de una construcción más importante y más grande. Es así como nace el diseño y la concepción de la actual basílica, buscando un estilo más actual y moderno para la época (barroco) y siguiendo el modelo artístico de San Pedro de Roma.


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