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El Monasterio

El objetivo principal de la comunidad benedictina que reside en el monasterio de Montserrat es continuar haciendo de la montaña, del monasterio y del santuario un lugar de encuentro y de plegaria. La comunidad montserratina actual está formada por unos 70 monjes, que como en todos los monasterios benedictinos, dedican su vida a la plegaria, la acogida y el trabajo. De esta total disponibilidad participan también los que se acercan al monasterio, de ahí el carácter singular que toma la vida del santuario, centrada en la oración de los monjes (abierta a todos) y en el servicio de acogida a los peregrinos y a todos aquellos que llegan a Montserrat.

Las actividades laborales de los monjes son diversas y pasan por la organización interna, trabajos de investigación, docencia, servicio del santuario o formación de la escolanía.

Los propios monjes son los encargados de las necesidades pastorales de la basílica, de recibir a los grupos de peregrinos, de dar acogida espiritual y en general, de que se cumplan las orientaciones que el monasterio y el santuario prestan a los peregrinos y visitantes.

Cada día en la basílica se congregan los monjes, los escolanes, los peregrinos y los visitantes para formar una única comunidad y dirigirse a Dios con sus oraciones y plegarias.

Dentro del conjunto arquitectónico del monasterio, destacan tres partes importantes. La primera, la Sala Capitular, el lugar de encuentro de la comunidad monástica para las sesiones importantes, para las conferencias que el Padre Abad imparte periódicamente a la comunidad y para la plegaria de Nona. La segunda, el claustro, que comunica las dependencias más importantes del monasterio. Fue edificado siguiendo un estilo neorománico muy original en 1925 por Puig i Cadafalch y consta de dos pisos de arcos de mahón sostenidos por columnas de piedra. A lo largo de las paredes se reúne un buen conjunto de piezas arqueológicas, siendo las más antiguas del siglo X. El piso inferior cuenta con un templete y una fuente en el centro, que evoca los grandes claustros monásticos de Cataluña, y que comunica con el jardín. Y la tercera, el Refectorio, lugar donde se hacen las comidas, y al que el monaquismo ha impregnado de una atmósfera casi litúrgica: comienzan y acaban con una plegaria, y se realizan en silencio.

El refectorio de Montserrat, que data del siglo XVII, fue reformado también en 1925 por Puig i Cadafalch. En el extremo presidencial, hay un ábside recubierto de mosaicos que representan a Cristo en Majestad. En el extremo opuesto, hay un tríptico pintado por Josep Obiols sobre tres escenas de la vida de San Benito. Y en el centro, un trono de piedra para el lector.
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