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Orígenes del Santuario y del Monasterio

Según la leyenda, un sábado por la tarde del año 880, unos niños pastores vieron bajar del cielo una gran luz acompañada de una bella melodía que se paraba a media montaña. Al cabo de una semana volvieron al lugar junto con sus padres y la visión se repitió. Durante los cuatro sábados siguientes les acompañó el párroco del pueblo de Olesa y todos juntos volvieron a ver la misma visión. El obispo de la ciudad de Manresa, enterado de la noticia, quiso observarlo personalmente y acudió también en sábado al citado lugar. Tanto el obispo como sus acompañantes vieron una cueva en la que se hallaba la imagen de la Virgen María. Intentaron trasladarla procesionalmente a la ciudad de Manresa, pero fue inútil, lo que les hizo comprender la voluntad divina: aquella imagen tenía que ser venerada en la montaña de Montserrat.

La primera mención documental y por tanto el origen histórico del Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, data del año 888, en la que el conde Velloso donó al monasterio de Ripoll la ermita de Santa María. En esa misma mención aparecen las ermitas de San Acisclo, San Pedro y San Martín.

En el año 1025, Oliba, abad de Ripoll y obispo de Vic, fundó un nuevo monasterio en la ermita de Santa María, el monasterio de Montserrat. Esta pequeña abadía recibió pronto peregrinos y visitantes de múltiples lugares, lo que contribuyó a conocerse entre las gentes las narraciones de los milagros que allí obraba la Virgen. En años posteriores se construye la iglesia románica y se esculpe la imagen de la Virgen, la misma que se venera, todavía hoy, en la basílica.

El hecho de que Alfonso X el Sabio incluyera en las Cantigas (cancionero religioso) algunos de los milagros de la Virgen de Montserrat, hizo que aumentara de manera notable la afluencia de peregrinos a Montserrat.

En 1409, el monasterio se convierte en abadía independiente, y años más tarde, por obra de los Reyes Católicos, pasa a depender de la congregación de San Benito de Valladolid.

Durante los siglos XVII y XVIII el monasterio de Montserrat se convierte en un centro cultural de primer orden, y de su escuela de música surgen importantes compositores. No en vano, su Escolanía de niños cantores es de las más antiguas de Europa. Pero a esta etapa de esplendor le seguiría una de decadencia, debido a la destrucción en 1811 del monasterio por el ejército de Napoleón y posteriormente por las leyes desamortizadoras, perdiendo todas las propiedades y quedando al cargo un solo monje.

Hasta el año 1844 no se restaura la vida monástica del monasterio, y es el P. Abad Muntadas quien se encarga de la restauración en años posteriores.

En 1881, la Virgen de Montserrat es proclamada Patrona de Cataluña por el Papa León XIII.

La guerra civil española trajo de nuevo el desastre y el horror a Montserrat, pues 23 monjes murieron durante la guerra y el resto tuvieron que abandonar el monasterio. El Gobierno autónomo de Cataluña salva Montserrat y lo libera del saqueo y la destrucción. Acabada la guerra, los monjes regresan a Montserrat, comenzando un nuevo periodo de obras y reconstrucción.

Sucesivas obras y trabajos de restauración en el monasterio y la basílica durante los años 90, han dado con el aspecto actual y definitivo que hoy se puede contemplar.
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