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El Templo

 

El actual y moderno templo es hoy lugar de reunión y visita por parte de miles de personas, siendo no en vano uno de los lugares más visitados en el Pirineo. Su construcción se realizó a pocos metros de la ermita, origen de la devoción a la Virgen de Torreciudad.

La historia del nuevo santuario arranca en 1956. Movido por su amor a la Virgen y para que muchas personas intensificasen la práctica de su fe cristiana, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, quiso reavivar el culto a Nuestra Señora de Torreciudad. Un grupo de personas secundó esta iniciativa y pusieron en marcha las gestiones necesarias para levantar este santuario, que contó con la colaboración de gentes de todo el mundo. El arquitecto Heliodoro Dols se encargó de la dirección de las obras, que comenzaron en 1970 y terminaron cinco años más tarde.

Esta renovación del culto tiene su origen en un hecho que ocurrió en 1904. Cuando el fundador del Opus Dei tenía dos años, contrajo una grave enfermedad y fue desahuciado por los médicos. Su madre rezó intensamente a la Virgen y días más tarde llevaba al niño, sorprendentemente curado, en peregrinación a la Virgen de Torreciudad.

El conjunto (explanada, santuario y edificios anexos) resulta una obra de arte arquitectónico de singulares características. Con un estilo muy personal, este vanguardista santuario destaca por la variedad de formas que logra crear con un elemento básico, el ladrillo. Tiene la belleza de la conjunción de la sencillez y la sobriedad, y presenta una interpretación muy creativa de los elementos constructivos tradicionales de Aragón (ladrillo, piedra  y alabastro).

El santuario tiene dos plantas, la nave principal (planta superior) que incluye un coro alto, y una cripta donde hay cuarenta confesionarios y cuatro capillas dedicadas a la Virgen del Pilar, Nuestra Señora de Loreto, Nuestra Señora de Guadalupe y la Sagrada Familia. Sus imágenes están representadas en bellos mosaicos.

El edificio queda enmarcado por la explanada, preparada para recibir a varios miles de personas.

Los arcos de piedra (emparentados con los de algunas plazas de pueblos del entorno) que abrazan la explanada y permiten ver las azules aguas del pantano de El Grado y las cumbres nevadas en el horizonte, y los ladrillos (el material más humilde), dan a Torreciudad una dimensión muy familiar y humana que ayuda a los peregrinos a abrirse al silencio interior y a escuchar la voz de Dios.

En la explanada se celebra la santa misa y otros actos de culto cuando el número de peregrinos es superior a la capacidad del santuario. El altar al aire libre está situado en una tribuna elevada, junto al atrio de la iglesia. A la izquierda de este altar se encuentra una reproducción en bronce de la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad, de mayor tamaño que la original situada en el retablo. A la derecha, hay una campana con una lápida cuyo texto recuerda la fundación del Opus Dei.

En el interior, todas las líneas de la nave única se orientan hacia el retablo, cuyo centro lo forman el sagrario y la antigua imagen de Nuestra Señora de Torreciudad. El retablo, realizado en alabastro policromado siguiendo la tradición local (material fácil de labrar), es obra del escultor Juan Mayné. El conjunto mide 14,50 m. de altura y 9,50 m. de anchura. Se inspira en los del estilo plateresco renacentista, característicos de Aragón y llamados retablos custodia por tener en el centro un óculo o ventana a través de la cual se ve el sagrario, de forma que todo el retablo sirve de custodia. Este fin eucarístico condiciona su decoración.

Sobre el óculo, la Santísima Trinidad corona a la Virgen. Debajo, Cristo clavado en la cruz y más abajo, la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad, Reina de los Ángeles, en su camarín. A la izquierda se representan imágines de los desposorios de la Virgen con San José, la anunciación del Ángel a María y la visitación de la Virgen a su prima Isabel. A la derecha, el nacimiento de Jesús y adoración de los pastores, la huída a Egipto y el taller de San José.

Fuera del retablo, sobre una peana situada a la izquierda, hay una imagen de San Josemaría Escrivá de Balaguer que se colocó después de ser beatificado. La escultura está realizada también en alabastro por el mismo Mayné, a escala más grande del tamaño natural. Aparece arrodillado, en actitud orante y revestido con una capa pluvial, en la que el santo mira hacia el retablo.

En la nave de la iglesia, a la izquierda, está la capilla del Santísimo Sacramento. Un retablo de estilo clásico en mármol, con aplicaciones de latón fundido, enmarca un Cristo en bronce dorado en la cruz, aún vivo y con gran serenidad. La figura es obra del escultor italiano Pasquale Sciancalepore y fue regalada por San Josemaría Escrivá.

Por una puerta situada a la derecha del presbiterio se accede al medallón de la Virgen, que en tiempos pasados estaba unido por una cinta a la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad. Esta medalla, que han besado y besan los peregrinos, está situada en la parte inferior de un retablo de madera policromada con la imagen de la Madre de Dios que se llevaba antiguamente por los pueblos pidiendo limosnas para el culto de Torreciudad.

Desde el atrio del templo, una rampa circular conduce directamente hasta la entrada de la cripta, donde hay cuarenta confesionarios repartidos en tres capillas.

Destacan también el altar exento, obra de Juan Mayné, cuyo frontal representa la escena del Calvario, con figuras de marfil y esmaltes adosados, y el gran órgano con más de 4000 tubos.
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